jueves, 20 de octubre de 2011

Ahora.




Es hora de tomar malas decisiones, hacer todo lo que creíamos alocado, ilógico, atrevido e incoherente. ¿Y si me equivoco?, analiza el motivo y aprende de tu error.
Es hora de dejar de perder grandes oportunidades por el qué dirán y el miedo a ser juzgados.
Es hora de reírte y decir: sí, me gusta tomar malas decisiones.

Improviso.

Labios vacíos,
labios huecos,
labios secos,
labios roídos,
labios tristes,
cansados.
Labios que esperan,
labios que desesperan,
labios que temen,
labios que duelen,
labios que abrazan,
devoran.
Labios que saltan al abismo, al olvido.

(Estos versos no fueron escritos con la razón, ya que en esos momentos mi mente no estaba a lo que estaba...pero es extraño que saliera de forma inconsciente, así que lo publico a modo de anécdota.)

miércoles, 19 de octubre de 2011

Lo siento.

Lo sé mis fieles lectores, os estoy abandonando... a vosotros y un poco a mí misma.
No, no he dejado de escribir, eso nunca ocurrirá, pero he tenido que dedicar mi tiempo a otras cosas (clases, actividades, música...) y no he podido publicar nada en el blog. Próximamente, cuando los exámenes me dejen respirar, empezaré con ello.
Un saludo y no abandonéis vuestro tejado.

martes, 6 de septiembre de 2011

Sin título.

No me importaría tomar una mala decisión más si tú tienes algo que ver en ella. Tomar un cóctel de relámpagos y niebla que desemboque en un plácido suicidio. Tirarme a la vía con los ojos cerrados y brazos abiertos cual loco abrazando la muerte; que un tren de confusión me arrolle.
Ocultar la verdad tragándomela y ponerle el mejor disfraz a la mentira.
Lanzarle miradas fulminantes a las estrellas y dejar eternamente a oscuras este mundo roto y desolado.
Dividir el cielo en dos mitades y maldecir a todo ser de espíritu en calma y conciencia tranquila, pues yo lo merezco y me fue denegado.
Dejar de respirar, pues tú eres el aire que respiro, el que me da la vida… el mismo que me envenena con sus palabras y mina mi moral.
Coger un avión hacia ninguna parte, sentarme a esperar y que las estaciones y su efecto erosivo acaben conmigo.
Y no ser nada, ni una partícula de polvo, que es lo que en realidad somos en la inmensidad del universo.
No respirar, no sentir, no estar.